Rowan Williams

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“True spirituality was not simply about fostering the inner life but was about the individual’s interaction with others.”

Leonardo Boff: “Benedicto XVI es un Papa frustrado” I

“Es finísimo, tímido y extremadamente inteligente”

Leonardo Boff: “Benedicto XVI es un Papa frustrado”

“Su sucesor no debería ser un hombre de certezas”

El teólogo brasileño Leonardo Boff es un personaje clave para entender quién es Benedicto XVI y qué espera el catolicismo más progresista de esta nueva etapa en la Iglesia. Porque es uno de los teóricos de la Teología de la Liberación, conoce a Joseph Ratzinger desde que estudiaba en Europa y cuando el alemán dirigió a la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo todo para expulsarlo. La entrevista original fue realizada por el diario conservador Folha de São Paulo pero el propio Boff, indignado por los recortes que le hicieron para publicarla, decidió subirla en su blog en forma completa.

-¿Cómo recibió usted la renuncia de Benedicto XVI?
-Yo desde el principio sentía mucha pena por él, pues por lo que conocía, especialmente de su timidez, imaginaba el esfuerzo que debería hacer para saludar al pueblo, abrazar a las personas, besar a los niños. Estaba convencido de que un día él aprovecharía alguna ocasión sensata, como los límites físicos de su salud y el menor vigor mental, para renunciar. Aunque se mostró como un papa autoritario, no estaba apegado al cargo de papa. Me sentí aliviado porque la Iglesia está sin un líder espiritual que suscite esperanza y ánimo. Necesitamos otro perfil de papa más pastor que profesor, no un hombre de la Iglesia-institución sino un representante de Jesús, que dijo: “Si alguien viene a mí, no le echaré fuera” (Evangelio de Juan 6,37), ya fuera un homoafectivo, una prostituta, un transexual.

-¿Cómo es la personalidad de Benedicto XVI, ya que usted mantuvo cierta amistad con él?
-Conocí a Benedicto XVI en mis años de doctorado en Alemania, entre 1965-1970. Oí muchas conferencias de él pero no fui alumno suyo. Él leyó mi tesis doctoral: “El lugar de la Iglesia en el mundo secularizado” y le gustó mucho hasta el punto de buscar una editorial para publicarla, y era un ladrillo de 500 páginas. Después trabajamos juntos en la revista internacional Concilium, cuyos directores se reunían todos los años en la semana de Pentecostés en algún lugar de Europa. Yo la editaba en portugués. Esto fue entre 1975-1980. Mientras los demás hacían la siesta, él y yo paseábamos y conversábamos sobre temas de teología, sobre la fe en América Latina, especialmente sobre San Buenaventura y San Agustín, de los cuales él es especialista y a los que yo hasta hoy frecuento a menudo. Después, en 1984, nos encontramos en un momento conflictivo: él como juez mío en el proceso del ex Santo Oficio movido contra mi libro Iglesia: carisma y poder. Ahí tuve que sentarme en la silla donde, entre otros, se sentaron Galileo y Giordano Bruno. Me sometió a un tiempo de “silencio obsequioso”, tuve que dejar la cátedra y me fue prohibido publicar cualquier cosa. Después de esto nunca más nos volvimos a encontrar. Como persona es finísimo, tímido y extremadamente inteligente.
-Como cardenal fue su inquisidor después de haber sido su amigo, ¿cómo vio usted esta situación?
-Cuando fue nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición) me sentí sumamente feliz. Pensaba: finalmente tendremos un teólogo al frente de una institución con la peor fama que se pueda imaginar. Quince días después me respondió agradeciendo y decía: creo que hay aquí en la Congregación varios asuntos suyos pendientes y tenemos que resolverlos. Y es que prácticamente cada vez que publicaba un libro llegaban de Roma preguntas de aclaración que yo me demoraba en responder. Pero de Roma no viene nada que no haya sido enviado antes a Roma. Aquí en Brasil había obispos conservadores y perseguidores de teólogos de la liberación que enviaban las quejas de su ignorancia teológica a Roma con el pretexto de que mi teología podría hacer daño a los fieles. Ahí me di cuenta de que él ya había sido contaminado por el bacilo romano que hace que todos los que trabajan en el Vaticano rápidamente encuentren mil razones para ser moderados y hasta conservadores. Y entonces más que sorprendido quedé verdaderamente decepcionado.
-¿Cómo recibió usted ese castigo de “silencio obsequioso”?
-Tras el interrogatorio y la lectura de mi defensa escrita que está como anexo en la nueva edición de Iglesia; carisma y poder, son 13 los cardenales que opinan y deciden. Ratzinger es solo uno de ellos. Después someten la decisión al papa. Creo que el suyo fue un voto discrepante de la mayoría, porque conocía otros libros míos de teología, traducidos al alemán, y me había dicho que le habían gustado e incluso una vez, delante del Papa en una audiencia en Roma, hizo una referencia elogiosa. Yo recibí el “silencio obsequioso” como lo haría un cristiano ligado a la Iglesia: lo acogí con calma. Recuerdo que dije: “Es mejor caminar con la Iglesia que solo con mi teología.” Para mí fue relativamente fácil aceptar la imposición porque la Presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, en portugués) siempre me había apoyado y dos de sus cardenales, don Aloysio Lorscheider y don Paulo Evaristo Arns, me acompañaron a Roma y participaron, en una segunda parte, del diálogo con el cardenal Ratzinger y conmigo. Ahí éramos tres contra uno. Algunas veces pusimos al cardenal Ratzinger en aprietos pues los cardenales brasileños le aseguraban que las críticas contra la teología de la liberación que él había hecho en un documento recientemente publicado eran eco de los detractores y no un análisis objetivo. Y pidieron un nuevo documento positivo. Él acogió la idea y realmente lo hizo dos años más tarde. Y nos pidieron también, a mí y a mi hermano Clodovis, que estaba en Roma, que escribiésemos un esquema y lo entregásemos en la Sagrada Congregación. En un día y una noche lo hicimos y lo entregamos.

vía Leonardo Boff: “Benedicto XVI es un Papa frustrado” :: Opinión :: Religión Digital.

Leonardo Boff: “Benedicto XVI es un Papa frustrado” II

 

-Usted dejó la Iglesia en 1992. ¿Le quedó alguna amargura de todo el affaire del Vaticano?
Yo nunca dejé la Iglesia. Dejé una función dentro de ella, que es la de sacerdote. Seguí como teólogo y profesor de teología en varias cátedras, aquí y fuera del país. Quien entiende la lógica de un sistema cerrado y autoritario, poco abierto al mundo, que no cultiva el diálogo y el intercambio (los sistemas vivos viven en la medida en que se abren e intercambian) sabe que si alguien como yo no se alinea plenamente a tal sistema será vigilado, controlado y eventualmente castigado. Es similar al sistema de la seguridad nacional que hemos conocido en América Latina bajo los regímenes militares de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. Dentro de esta lógica, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex Inquisición), el cardenal Joseph Ratzinger condenó, silenció, depuso de la cátedra o transfirió a más de cien teólogos. De Brasil fuimos dos: la teóloga Ivone Gebara y yo. Por entender la referida lógica, y lamentarla, sé que están condenados a hacer lo que hacen con la mayor buena voluntad. Pero como Blaise Pascal dijo: “Nunca se hace el mal tan perfectamente como cuando se hace con buena voluntad.” Sólo que esta buena voluntad no es buena, pues crea víctimas. No guardo ningún rencor o resentimiento pues tuve compasión y misericordia de aquellos que se mueven dentro de esta lógica que, a mi modo de ver, está a años luz de la práctica de Jesús. Además, es cosa del siglo pasado, ya pasado. Y evito volver a ello.

-¿Cómo evalúa usted el pontificado de Benedicto XVI? ¿Ha sabido manejar las crisis internas y externas de la Iglesia?
-Benedicto XVI fue un eminente teólogo, pero un papa frustrado. No tenía el carisma de dirección y animación de la comunidad, como lo tenía Juan Pablo II. Desgraciadamente, será estigmatizado de manera reduccionista como el papado donde aumentaron los pedófilos, los homoafectivos no fueron reconocidos y las mujeres fueron humilladas, como en los EE UU, donde se negó el derecho de ciudadanía a una teóloga por cuestión de género. Y también pasará a la historia como el papa que criticó fuertemente la teología de la liberación, interpretada a la luz de sus detractores, y no a través de las prácticas pastorales y libertadoras de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que hicieron una opción seria por los pobres contra la pobreza y a favor de la vida y de la libertad. Por esta causa justa y noble fueron mal interpretados por sus hermanos en la fe y muchos de ellos detenidos, torturados y asesinados por los órganos de seguridad del estado militar. Entre ellos se encontraban obispos como el obispo Angelelli de Argentina y el Arzobispo Oscar Romero de El Salvador. Dom Helder fue el mártir que no mataron. Pero la Iglesia es más grande que sus papas y continuará, entre sombras y luces, prestando un servicio a la humanidad, a fin de mantener viva la memoria de Jesús y ofrecer una posible fuente de sentido en la vida más allá de esta vida. Hoy sabemos por los Vatileaks que dentro de la Curia romana están enfrascados en una feroz lucha por el poder, especialmente entre la corriente Bertone, actual secretario de Estado, y el ex secretario Sodano, ya emérito. Ambos tienen sus aliados. Bertone, aprovechándose de las limitaciones del Papa, construyó prácticamente un gobierno paralelo. Los escándalos de filtración de documentos secretos de la mesa del Papa y del Banco del Vaticano, usado por los millonarios italianos, algunos de la mafia, para lavar dinero y enviarlo fuera, afectaron mucho al Papa. Y se fue aislando cada vez más. Su renuncia se debe a los límites de la edad y de las enfermedades, pero agravadas por estas crisis internas que lo debilitaron y que él no supo o no pudo atajar a tiempo.

-El Papa Juan XXIII dijo que la Iglesia no puede ser un museo, sino una casa con puertas y ventanas abiertas. ¿Cree usted que Benedicto XVI intentó transformar la Iglesia de nuevo en algo así como un museo?
-Benedicto XVI es un nostálgico de la síntesis medieval. Reintrodujo la misa en latín, escogió vestimentas de los papas renacentistas y de otros tiempos pasados, mantuvo los hábitos y ceremoniales palaciegos, a quien iba a comulgar le ofrecía primero el anillo papal para que lo besase y luego le daba la hostia, cosa que ya no se hacía. Su visión era restauracionista y es un nostálgico de una síntesis entre cultura y fe que existe muy visible en su Baviera natal, cosa que él comentaba explícitamente. Cuando en la Universidad donde él estudió, y yo también, en Munich, vio un cartel anunciándome como profesor invitado para dar una conferencia sobre las nuevas fronteras de la teología de la liberación pidió al decano posponerla sine die. Sus ídolos teológicos son San Agustín y San Buenaventura, que mantuvieron siempre gran desconfianza de todo lo que venía del mundo, contaminado por el pecado y necesitado de ser rescatado por la Iglesia. Es una de las razones que explican su oposición a la modernidad a la que ve bajo la óptica del secularismo y el relativismo y fuera del ámbito de influencia del cristianismo, que ayudó a formar Europa.

-¿La iglesia, a su juicio, va a cambiar la doctrina sobre el uso del condón y la moral sexual en general?
-La Iglesia debe mantener sus convicciones, las que estima irrenunciables como el tema del aborto y la no manipulación de la vida. Pero debería renunciar al estatus de exclusividad, como si fuera la única portadora de la verdad. Debe entenderse dentro del espacio democrático, en el cual su voz se hace oír junto a otras voces. Y las respeta e incluso está dispuesta a aprender de ellas. Y cuando sea derrotada en sus puntos de vista, debería ofrecer su experiencia y tradición para mejorar donde pueda mejorar y aligerar el peso de la existencia. En el fondo, ella tiene que ser más humana, más humilde y tener más fe, en el sentido de no tener miedo. Lo que se opone a la fe no es el ateísmo, sino el miedo. El miedo paraliza y aísla a las personas de los demás. La Iglesia debe caminar junto a la humanidad, porque la humanidad es el verdadero Pueblo de Dios. Ella lo muestra más conscientemente, pero no se apropia exclusivamente de esta realidad.

-¿Qué debe hacer el futuro Papa para evitar la emigración de tantos fieles a otras Iglesias, especialmente a las pentecostales?
Benedicto frenó la renovación de la Iglesia incentivada por el Concilio Vaticano II. No acepta que haya rupturas en la Iglesia, así que prefirió un punto de vista lineal, reforzando la tradición. Sucede que la tradición del siglo XVIII y XIX se opuso a todos los logros modernos, de la democracia, de la libertad religiosa y otros derechos. Él ha tratado de reducir la Iglesia a una fortaleza para defenderse de estas modernidades y veía el Vaticano como un caballo de Troya a través del cual podían entrar. No negó el Vaticano II, pero lo interpretó a la luz del Concilio Vaticano I, que está centrado en la figura del Papa con poder monárquico, absoluto e infalible. Así que se produjo una gran centralización de todo en Roma, bajo la dirección del Papa que, ¡pobre!, tiene que conducir una población católica del tamaño de la de China. Tal opción ha traído un gran conflicto en la Iglesia e incluso en episcopados enteros, como el alemán y el francés, y ha contaminado la atmósfera interna de la Iglesia con sospechas, creación de grupos, emigración de muchos católicos de la comunidad y acusaciones de relativismo y de magisterio paralelo. En otras palabras, en la Iglesia ya no se vivía una fraternidad franca y abierta, un hogar espiritual común a todos. El perfil del nuevo Papa, en mi opinión, no debe ser el de un hombre de poder y ni un hombre de la institución. Donde hay poder no existe amor y la misericordia desaparece. Debería ser un pastor, cercano a los fieles y a todos los seres humanos, independientemente de su situación moral, política y étnica. Debería tener como lema las palabras de Jesús, que ya he citado: “Si alguno viene a mí, yo no le echaré fuera”, pues Jesús acogía a todos, desde a una prostituta como Magdalena hasta un teólogo como Nicodemo. No debería ser un hombre de Occidente que ahora se ve como un accidente de la historia, sino un hombre del vasto mundo globalizado que sienta pasión por los pobres y el grito de sufrimiento de la Tierra devastada por la avaricia consumista. No debería ser un hombre de certezas sino alguien que animase a todos a buscar los mejores caminos. Lógicamente se orientaría por el Evangelio pero sin espíritu proselitista, con la conciencia de que el Espíritu siempre llega antes que el misionero y el Verbo ilumina a todo hombre que viene a este mundo, como dice el evangelista San Juan. Debería ser un hombre profundamente espiritual y abierto a todos caminos religiosos para juntos mantener viva la llama sagrada que existe en cada persona: la presencia misteriosa de Dios. Y, por último, un hombre de profunda bondad, al estilo del Papa Juan XXIII, con ternura por los humildes y con firmeza profética para denunciar a aquellos que promueven la explotación y hacen de la violencia y de la guerra instrumentos de dominación de los demás y del mundo. Que en las negociaciones que los cardenales hacen en el cónclave y en las tensiones de las tendencias, prevalezca un hombre con este tipo de perfil. Como el Espíritu Santo obra ahí es misterio. Él no tiene otra voz ni otra cabeza que las de los cardenales. Que el Espíritu no les falte.

Samsara …Renacimiento MX / PARTE II

Vivir México es renacer, inspirarse…tal vez viendo un video de ballenas nacidas en Baja California Sur o de danza como el ballet folklórico de Amalia Hernández, el máximo exponente del ballet hecho en México, reconocido desde los años 60 en todo el mundo por su magia y belleza, arte escénico, que refleja pasión y compromiso por conservar nuestras raíces ancestrales. Amalia quien siembra así como sus danzas rituales, con el mismo hermético fervor a la patria, orgullo auténtico por nuestro folclor con la elegancia y mundo a través del singular carácter de esté ballet hecho a mano, como las tortillas de comal, porque se fusiona disciplina, rigor…amor por la patria.

Y Puebla, podemos vivirla tocando un pedazo de artesanía en talavera, tan solo yendo a el mercado, donde el valor artístico de la Chula y de sus historias ¡como la de la China Poblana que deleitan la vista en un atardecer de cantera gris, dan testimonio de la naturaleza tranquila de su gente de ónix, de su sencillez salpicada de ajonjolí, y sentir ¡que Chula es puebla!

Guanajuato también está aquí, en la comida, en las puertas antiguas de talla magistral, cúpulas, fachadas a base de herrería y cantera rosa y su gente: chambeadota.

Vivir Taxco está a solo un anillo, pulsera o candelabro, al tocarlo sabremos que Taxco está hecho a mano y en plata, donde están los callejones difíciles y románticos, serpenteantes empedrados, que hablan de leyendas, delicioso el aire que se respira, aire limpio, y lo mejor, que regala el placer de sentirse parte de su pueblo, precioso y ancestral. Vivir México es conocer Tequila, probándolo, en una comida familiar o ¡emborrachándose por una vez! y saber que esa tierra azul, mágica de agaves, donde de indígenas chichimecas, otomíes, toltecas y nahualtecas, lo llamaron lugar del Dios Todopoderoso.

Veracruz que está en su café, y escuchar a Agustín Lara, su embajador, es saber que su ánimo es festivo, multicolor, de sones y jarochos.

Así, vivir México acampando en la Baja California Sur, en la península que representa el fin de la Tierra y en casi todas las playas continentales, como El Coyote, El Tecolote o como la hermosa Playa Balandra, sin olas, apacible y perfecta, una inmensa piscina natural, un spa único, con el lujo de la creación perfecta de sus formas esculpidas por las olas, sin costo, y de valor incalculable, para cuerpo y el alma de quien se atreva a vivir la experiencia, con el viento siempre a favor, descubriendo los diferentes tonos del Golfo de California, en compañía de turistas impresionados y alegres que no creían tanta belleza posible…

Celebremos en positivo paseando y consumiendo los bienes artesanales que van por todo México con exposiciones, delicias gastronómicas y folclor… y arriba corazones.

Y no olvidemos, porque lo tenemos, que México sin duda es una de las cunas de inspiración del arte universal. Lugar de ceibas y de lagunas, pantanos y manglares, de reflexión y encuentro.

Es renacer.

Es ser .

Y es a través de este viaje lleno de emoción y orgullo que nos lleva por sentimientos que se transmiten a todo el afortunado que presencie México, disfrútalo… ¡cuídalo! Porque según el hinduismo, al vivir de una forma extremadamente malvada, renacerás en un ser desafortunado…aunque sea quizá, a través de tus cercanos.

riccosandra@hotmail.com

vía Samsara …Renacimiento MX.

Samsara …Renacimiento MX / PARTE I

Samsara …Renacimiento MX

1 de diciembre de 2012

Sandra Ricco

La Paz, Baja California Sur.- Samsara (renacimiento en el budismo) representa el ciclo de la vida en las religiones y culturas asiáticas, representa en el Budismo; el círculo del nacimiento, vida, muerte y reencarnación, concepto interesante como parte de mi estudio de teología. En textos históricos, como ideología, existío antes de Cristo.

Pasar a través del sufrimiento por la “sensgara” (sufrimiento), algo que nuestro México ha resistido con honor siendo samsaris a prueba, sea la obra que nos conduzca por fin, en corto, y, finalmente a la felicidad interior y así al paraíso personal e individual.

La propuesta en esté cambio de estación y de página es disfrutar nuestra tierra, ese lugar que pisas ahora mismo, sin más, porque el valor de la libertad es un motivo de celebrar este fin de noviembre y recordar la Revolución Mexicana cada año, en nuestro calendario oficial, porque México celebra 202 años de ser orgullosamente México.

Porque pura vida se respira viendo sonreír a todo el que llega o va a nuestros Pueblos Mágicos, o después de nadar o bucear en nuestras inigualables playas a preservar como las de Baja California Sur; esperar cualquier sorpresa natural es la actitud, este es sitio de exploradores: aventurarse en catamarán, kayak o lancha es la oportunidad de ser parte del entorno natural y limpio.

Es México y el idioma: Español.

A Saber que son tiempos de ser unidos y renegar menos… esa es la actitud.

Porque de norte a sur, de este a oeste el camino es inmenso y enriquecedor, es quizá nuestro Nirvana, nuestro hogar.

Un lugar a disfrutar, a pasear… a gozar.

Puede ser en cualquier mercado, plazuela o atardecer,

en el patio de su casa, el jardín comunal o la playa pública, sigue siendo…México.

Y si se quiere…en un sillón de su casa leyendo a Sabines, a José Emilio Pacheco o a Ibangüengoitia; a Savater o a Sandra, autores quienes se han acercado como nadie a nuestro pueblo. Quizá reviviendo a Cri Cri, o a Cepillín.

Viendo y viviendo una buena película de Buñuel, o una como “El Pianista”, que nos muestre el mundo como la última de Woody Allen, o “La Vida es Bella”, quizá “Siete Años en el Tíbet” o “Kill Bill”…cada quien. Jugando en el parque, en el columpio, a los bolos o lotería quizá hasta soñando…con ser mejores y lograr el moksha y trascender.

Salir y decubrir las calles es en sí, una vacación, porque México es intenso y en cualquier sitio está Oaxaca con sus moles o Chiapas con sus tamales de chocolate y café.

Y Tabasco, su selva exuberante, donde sea posible imaginarla en algún manglar de Todos Santos, recordar las danzas, cantos, representaciones y cultos de cada población tabasqueña que muestra la fusión de culturas diversas y que dieron lugar a una cultura nueva presente en cada celebración, con sus máscaras coloridas, bordados y artesanía expresivos.

Acapulco…qué encuentro en la bahía de Santa Mariah, que recuerda al lugar encantador, que es la bahía de Santa Lucía, la más bella del mundo, según su fama mundial.

Suave es el oleaje de sus playas y sus atardeceres espectaculares, bahía llena de luz, de dulzura y romanticismo, enclavada en el océano Pacífico. ¡Refugio de defeños desesperados por un rayo de sol real!

Mágico porque la posibilidad de vivir una experiencia inolvidable, e irrepetible, como ser de nuevo un niño feliz en el parque Papagayo, o enamorarse, es algo latente. Donde visitar la Quebrada, presenciar los clavados, siendo ya un rito por generaciones, es en sí, un acto de rezo.

vía Samsara …Renacimiento MX.

Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto! / Parte2

En primer lugar, no se trata de que la Iglesia “haga política”, ya sea de izquierdas, de derechas, de centro, de arriba o de abajo. No es tal su cometido. La Iglesia como tal no está llamada a mezclarse con los poderes de este mundo, que constituyen una esfera muy particular de las sociedades humanas, ni a confundir su mensaje con el que estos puedan vehicular, aunque se parezcan en ocasiones o muestren puntos concomitantes. La proclama de la Iglesia, o incluso su protesta, no puede inspirarse en ideologías de tipo político ni pretender favorecer a ciertos partidos o facciones contra otros. Está fundamentada exclusivamente en la Palabra de Dios revelada en la Biblia, y tiene como objetivo la dignificación de la persona por encima de todo. Los pobres, los desahuciados, los jóvenes sin futuro, los adultos sin trabajo ni posibilidades de obtenerlo, los débiles en general, son primordialmente seres humanos, es decir, imágenes del Creador que han sido mermadas en su condición de tales por un sistema socio-político-económico esencialmente inmoral, y a los que Cristo re-dignifica. El concepto de “redención” no es otra cosa que una re-dignificación total y absoluta de la persona humana, tanto en lo referente a su relación con Dios, como en la que mantenga con los demás e incluso consigo misma. Cristo devuelve la dignidad a aquellos a quienes ha sido injustamente arrebatada. La Iglesia está ahí para decirlo bien claro, guste o no.

Por ello, y en segundo lugar, la Iglesia nunca debe ser ilusa ni creer que vive en un “país de las maravillas”; no debe caer en la trampa de los falsos triunfalismos a que son tan proclives los grupos sectarios, ni pretender que va a conquistar o a cambiar el mundo. Solo Dios ejerce el señorío sobre esta nuestra querida y vieja Tierra, y únicamente él es quien transformará todas las cosas cuando llegue ese gran momento previsto en sus designios. Mientras tanto, la Iglesia sigue el camino que se le ha trazado, porque Jesús dijo bien claro que siempre habría pobres con nosotros (Juan 12, 8a), y que las injusticias se acrecentarían (cfr. los capítulos escatológicos de Mateo 24, Marcos 13 o Lucas 21); ello significa que en cada época de la historia, el cuerpo de Cristo que componemos los creyentes tendrá la misma ingrata misión de proclama y denuncia de la injusticia con todos los medios a su alcance.

En consecuencia, y en tercer lugar, el pueblo de Dios no debe esperar aplausos ni reconocimientos por su labor. A nadie le gustan las denuncias ni verse recriminado por su actuación. Una sociedad que es esencialmente injusta jamás contemplará con buenos ojos a una institución que le señale constantemente sus errores o sus fisuras. La Iglesia no ha de pretender, por lo tanto, que su proclama o su protesta sean bien recibidas, ni siquiera por aquellos en cuyo favor las hace. Personalmente, nos causan verdadero pánico aquellas instancias religiosas, sean del tipo, la orientación o el color que fueren, empeñadas en aparecer de continuo en los medios de comunicación siempre al lado de los poderosos o vehiculando la idea de que son uña y carne con ellos. Las alianzas entre el trono y el altar, de lo cual la historia de nuestro propio país sabe mucho, desgraciadamente, nunca han beneficiado a nadie, pero el mayor perjudicado siempre ha sido el altar, de eso no nos cabe la más mínima duda.

En definitiva, el cuerpo de Cristo está llamado a una misión que más de uno llamaría casi suicida, pero que no lo es. Proclamar la dignidad inalienable de aquellos a quienes el sistema pareciera empeñado en aniquilar y protestar contra los atropellos que sufren nuestros conciudadanos (o nosotros mismos, ¿por qué no?) forma parte del Evangelio en la misma medida que las cuestiones puramente religiosas. Más aún, el mismo Santiago nos recuerda en su epístola (1, 27) la vertiente esencialmente humanitaria de la verdadera religión cristiana.

La Palabra de Dios no nos prescribe un método específico para llevar adelante esta proclamación. Solo nos dice que actuemos.

Hagámoslo en el nombre de Cristo.

vía Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto!.

Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto! / Parte1

Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto!

19/11/2012, Juan María Tellería

Opinión

¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! Codician las heredades, y las roban; y las casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad. (Miqueas 2, 1-2 RVR60)

Lo de este jueves pasado, día 15 de noviembre, no tiene nombre. Que después de una huelga general, con mayor o menor seguimiento según las poblaciones y las circunstancias, la autoridad máxima del país diga que todo es “normal” y que no va a variar ni un ápice el rumbo que ha tomado hasta ahora en lo que a medidas económicas se refiere, suena a burla, a desprecio, incluso a insulto descarado. Ello significa que el conjunto de la sociedad va a seguir experimentando como si tal cosa una merma constante de sus prestaciones, tan arduamente logradas; que muchas familias continuarán viéndose, como se dice vulgarmente, “con el agua al cuello” para salir adelante, no ya cada mes, sino cada semana y cada día; que muchos niños y jóvenes de ambos sexos quedarán marcados para siempre como una generación abocada al fracaso, predeterminada inexorablemente a no tener futuro. La declaración de la autoridad viene a ser algo así como “tanto se me da lo que les ocurra a los desfavorecidos, mientras yo esté donde estoy”. Vamos, un poco aquello de “la vida sigue igual”, que cantaba hace unos años Julio Iglesias, solo que con una ironía rayana en el más cruel de los sarcasmos.

Lo realmente trágico de este tipo de situaciones es que no son nuevas. Se vienen repitiendo año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, en todas partes desde la más remota antigüedad, desde que el hombre aprendió (¡en mala hora!) a explotar a su prójimo, a su propio hermano, y a vivir tranquilamente a su costa como si nunca hubiera roto un plato. No tenemos más que leer los versículos que encabezan esta reflexión, o incluso el capítulo completo de donde se han extraído, para comprobarlo.

La pregunta es: ¿Y qué dice la Iglesia de Cristo? Acotando un poco más: ¿Qué dice esa Iglesia surgida a partir de la Reforma del siglo XVI como una verdadera protesta contra los abusos de su época, religiosos ciertamente, pero con una evidentísima vertiente social? ¿No tendrá nada que aportar en relación con este asunto?

Independientemente de la postura que cada creyente protestante o evangélico de hoy tome en lo referente a la participación activa en manifestaciones públicas como la del miércoles pasado —siempre habrá quien se muestre completamente a favor, y también quien esté en contra, por las razones que fueren, todas ellas muy respetables en principio—, lo cierto es que el conjunto de la Iglesia, en tanto que cuerpo de Cristo, tiene una sagrada misión, consistente en elevar su voz —¡su voz PROFÉTICA! Nunca hay que olvidarlo— en pro de los desvalidos, los desfavorecidos, los débiles, aquellos a quienes precisamente se dirigió en su momento la proclama de las Buenas Nuevas por parte de Jesús, y a favor de los cuales habían clamado los antiguos profetas de Israel como Miqueas. Todo lo cual nos lleva a hacer las siguientes reflexiones:

vía Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto!.