Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto! / Parte1

Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto!

19/11/2012, Juan María Tellería

Opinión

¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! Codician las heredades, y las roban; y las casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad. (Miqueas 2, 1-2 RVR60)

Lo de este jueves pasado, día 15 de noviembre, no tiene nombre. Que después de una huelga general, con mayor o menor seguimiento según las poblaciones y las circunstancias, la autoridad máxima del país diga que todo es “normal” y que no va a variar ni un ápice el rumbo que ha tomado hasta ahora en lo que a medidas económicas se refiere, suena a burla, a desprecio, incluso a insulto descarado. Ello significa que el conjunto de la sociedad va a seguir experimentando como si tal cosa una merma constante de sus prestaciones, tan arduamente logradas; que muchas familias continuarán viéndose, como se dice vulgarmente, “con el agua al cuello” para salir adelante, no ya cada mes, sino cada semana y cada día; que muchos niños y jóvenes de ambos sexos quedarán marcados para siempre como una generación abocada al fracaso, predeterminada inexorablemente a no tener futuro. La declaración de la autoridad viene a ser algo así como “tanto se me da lo que les ocurra a los desfavorecidos, mientras yo esté donde estoy”. Vamos, un poco aquello de “la vida sigue igual”, que cantaba hace unos años Julio Iglesias, solo que con una ironía rayana en el más cruel de los sarcasmos.

Lo realmente trágico de este tipo de situaciones es que no son nuevas. Se vienen repitiendo año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, en todas partes desde la más remota antigüedad, desde que el hombre aprendió (¡en mala hora!) a explotar a su prójimo, a su propio hermano, y a vivir tranquilamente a su costa como si nunca hubiera roto un plato. No tenemos más que leer los versículos que encabezan esta reflexión, o incluso el capítulo completo de donde se han extraído, para comprobarlo.

La pregunta es: ¿Y qué dice la Iglesia de Cristo? Acotando un poco más: ¿Qué dice esa Iglesia surgida a partir de la Reforma del siglo XVI como una verdadera protesta contra los abusos de su época, religiosos ciertamente, pero con una evidentísima vertiente social? ¿No tendrá nada que aportar en relación con este asunto?

Independientemente de la postura que cada creyente protestante o evangélico de hoy tome en lo referente a la participación activa en manifestaciones públicas como la del miércoles pasado —siempre habrá quien se muestre completamente a favor, y también quien esté en contra, por las razones que fueren, todas ellas muy respetables en principio—, lo cierto es que el conjunto de la Iglesia, en tanto que cuerpo de Cristo, tiene una sagrada misión, consistente en elevar su voz —¡su voz PROFÉTICA! Nunca hay que olvidarlo— en pro de los desvalidos, los desfavorecidos, los débiles, aquellos a quienes precisamente se dirigió en su momento la proclama de las Buenas Nuevas por parte de Jesús, y a favor de los cuales habían clamado los antiguos profetas de Israel como Miqueas. Todo lo cual nos lleva a hacer las siguientes reflexiones:

vía Soy protestante, ¿no? ¡pues protesto!.

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